PUBLICADO en EL PAIS hace casi 18 años... por favor, ser condescendientes.
Soy un joven estudiante de Ciencias Empresariales en la UNED, me
considero uno de los miembros más veteranos de la Generación X
(denominada así por algún autor en un derroche de excesiva imaginación
-seguramente salido de las salas de cine del mismo nombre- y con algún
interés creado que a todos no nos resulta fácil de adivinar). Me es
difícil abandonar un toque cínico, desenfadado y agresivo, quizá es una
característica de esta generación: el inconformismo con todos los status preestablecidos, no por ser preestablecidos sino por la experiencia acumulada en nuestra relación con ellos. Nos dejamos
manipular por los que tienen el poder: léase medios de información -en
este concepto incluyo todos los medios de comunicación de masas y de
información de masas, tanto privados como estatales, por ejemplo las
revistas editadas por las diversas direcciones generales con ciertos
propósitos, etcétera-, Gobierno, grandes empresarios, banqueros,
etcétera, pero indudablemente, y en contra de lo que muchos creen, somos
perfectamente conscientes de tal manipulación, incluso de la más sutil
como puede ser la periodística, la política o el engranaje cultureta
-denomino así a toda la parafernalia de los premios literarios, los
arribistas literarios, los desestilistas vulgares, los pelotazos, los
remolcados, etcétera-. No es dificil ver cuán extensa es la descultura,
pues estos individuos apoyados por los medios de comunicación hacen
mella en ella, e incluso entran a formar parte de la historia de España.
Se convierten en otro engranaje consumista de la economía, abandonando
el significado genérico de a lo que piensan que contribuyen: literatura, pintura, escultura, etcétera.
Estamos indudablemente heridos con la clasificación despiadada,
tendenciosa y eminentemente simple que nos proponen en algunos
elementos, ciertamente afamados, de los medios de comunicación sobre la
Generación X. Creo que muchos de ellos hablan sin haberla conceptuado
sociológicamente, sin haberla analizado psicológicamente, sin haberla,
ni siquiera, tratado habitualmente más que como padres, madres o
hermanos muy mayores. Es evidente que en el principio prolifera el señor
que se cree alguien simplemente porque le dejan escribir todo aquello
que quiera: ¿son pagos políticos obligados?, ¿son favores
intergeneracionales?, ¿son correligionarios faltos de ayuda para
sustentarse?, ¿se creen que nadie se ha preguntado por qué ese pacto
tácito entre periodistas para no acusarse, no criticarse, no
enjuiciarse?.

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